Con la participación de numerosos fieles, se llevó a cabo la Solemne Vigilia Pascual en la Catedral de Puebla, ceremonia central del calendario litúrgico católico que fue presidida por el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa.

La celebración comenzó por la noche con la tradicional bendición del fuego nuevo, rito que simboliza la luz de Cristo resucitado que vence la oscuridad. A partir de este momento, los asistentes participaron en una serie de actos litúrgicos que evocan la espera vigilante por la resurrección de Jesús.

Uno de los momentos más destacados fue la Liturgia Bautismal, en la que se bendijo el agua de la pila bautismal. Durante este rito, los creyentes renovaron sus promesas bautismales, reafirmando su fe y su compromiso de renunciar al pecado.

En su mensaje, el arzobispo hizo un llamado a vivir la Pascua como un tiempo de transformación interior, destacando la importancia de la esperanza y el amor como ejes de la vida cristiana. Señaló que esta celebración invita a reconocer a Dios como guía y a asumir un cambio profundo en la manera de vivir.

Asimismo, recordó que los fieles están llamados a dejar atrás las faltas y vivir en la paz alcanzada por Cristo, quien, tras ser celebrado como sufriente, es ahora proclamado como resucitado y glorioso. En este sentido, exhortó a la comunidad a mantener una vida sin resentimientos, basada en la gracia, la sinceridad y la verdad.

Durante la vigilia también se proclamaron diversas lecturas bíblicas que recorren la historia de la salvación, desde la creación hasta la llegada de Cristo, resaltando el cumplimiento de las promesas divinas. El pregón pascual destacó el simbolismo del Cirio Pascual como signo de la unión entre lo humano y lo divino.

La jornada concluyó con un llamado a los asistentes a ser testigos de la resurrección en su vida diaria, viviendo con fe renovada y compromiso con los valores del Evangelio.