En un contexto social y económico cada vez más desafiante, estudiar una carrera universitaria ya no es sinónimo automático de estabilidad laboral ni movilidad social. Aun así, miles de jóvenes apuestan cada año por formarse en instituciones públicas como la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), que actualmente ofrece una amplia gama de opciones educativas: desde la tradicional modalidad presencial, hasta carreras a distancia y programas sabatinos.
La decisión de ingresar a la universidad hoy está marcada por una paradoja: por un lado, se reconoce la importancia del conocimiento y del título profesional; por otro, muchos jóvenes se sienten frustrados ante la falta de empleos bien remunerados, la sobreoferta de profesionistas y la desconexión entre lo que aprenden y lo que exige el mercado.
Una universidad, múltiples caminos
La BUAP ha sido pionera en diversificar sus modalidades educativas para facilitar el acceso a la educación superior. La institución ofrece:
- Modalidad presencial, ideal para jóvenes recién egresados del bachillerato que pueden dedicar tiempo completo a sus estudios. Aquí se fomenta el contacto directo con docentes, laboratorios, y actividades extracurriculares.
- Modalidad a distancia, pensada para quienes necesitan estudiar desde casa, trabajan o viven lejos de los campus. Aunque ofrece flexibilidad, también requiere una alta disciplina y manejo del tiempo.
- Modalidad sabatina, una opción semipresencial diseñada especialmente para quienes trabajan entre semana. Esta alternativa ha ganado popularidad entre adultos jóvenes, padres y madres de familia, y trabajadores que desean concluir o iniciar una carrera.
“Las carreras sabatinas han sido una gran oportunidad para muchos que habían postergado sus estudios”, comenta Sandra Gómez, estudiante de Derecho sabatino. “Pero también enfrentan retos: menos tiempo de contacto, cansancio laboral acumulado y baja retención de conocimientos si no hay acompañamiento adecuado”.
Voces encontradas entre los estudiantes
Algunos jóvenes destacan que la universidad aún representa una plataforma clave para desarrollar habilidades, crear redes de contacto y tener una credencial profesional que, aunque ya no garantiza empleo, sí abre más puertas que no tenerla.
“Estudiar en la BUAP es satisfactorio, pero también un sacrificio. Sé que quizá no salga con trabajo asegurado, pero me da herramientas que no tendría de otra forma”, dice Ángel Cano, estudiante de Administración de Empresas en modalidad presencial.
Por otro lado, estudiantes en modalidad a distancia expresan frustración: “A veces parece que el sistema nos deja solos. No todos tenemos las condiciones para estudiar en casa, y a veces la plataforma se vuelve fría y poco práctica”, señala Ana Paulina, alumna de Psicología.
¿Vale la pena una carrera universitaria?
La crítica más fuerte no apunta a la universidad en sí, sino al sistema económico que ya no puede absorber a tantos profesionistas con sueldos justos. Según datos del Observatorio Laboral de la STPS, muchas de las carreras más demandadas en universidades públicas tienen los sueldos promedio más bajos del país.
El desempleo juvenil y la informalidad laboral son problemas estructurales que empujan a muchos a cuestionarse si estudiar vale el esfuerzo. En redes sociales abundan testimonios de egresados que ahora se dedican a oficios, emprendimientos o actividades alejadas de su formación académica.
Educación con propósito
Desde la BUAP, sin embargo, se insiste en la importancia de adaptarse sin dejar de formar ciudadanos críticos, preparados y con vocación de servicio. “No se trata solo de capacitar para el empleo, sino de construir pensamiento, ética profesional y compromiso social”, indicó la docente Lilia Aguilar.
En este sentido, la universidad trabaja en actualizar planes de estudio, fortalecer vínculos con el sector productivo y mejorar sus plataformas digitales, especialmente para las modalidades no presenciales.
