San Antonio de Padua, uno de los santos más venerados del catolicismo, es famoso no solo por sus milagros y enseñanzas, sino también por su peculiar fama de ser “el santo de los enamorados”. Cada 13 de junio, su día, mujeres y hombres solteros acuden a templos dedicados a él con una intención muy clara: pedirle pareja, y si es posible, un buen esposo o esposa.
¿Por qué se le pide novio a San Antonio?
San Antonio fue un fraile franciscano portugués conocido por su profundo amor al prójimo y por ser un ferviente defensor del matrimonio y la familia. Con el tiempo, su intercesión se popularizó entre quienes buscan encontrar pareja, debido a los múltiples testimonios de fieles que aseguran haber conocido a su “media naranja” tras encomendarse a él.
Rituales populares para conseguir pareja
Los rituales que se realizan para “pedir novio” a San Antonio varían según la región, pero muchos comparten elementos similares. En ciudades como Puebla, Oaxaca, Veracruz y CDMX, es común que las devotas realicen alguno de los siguientes actos:
1. Colocar al santo de cabeza
Uno de los rituales más famosos consiste en colocar la imagen o estampa de San Antonio boca abajo, a modo de “presión” para que “cumpla” con la petición amorosa. La figura se mantiene en esa posición hasta que el milagro se concede.
2. Rezar la novena
Durante nueve días previos al 13 de junio, se reza una novena especial que incluye súplicas para encontrar una pareja estable, amorosa y con intenciones de matrimonio.
3. Los 13 monedas o 13 veladoras
Muchas mujeres regalan 13 monedas a San Antonio o prenden 13 veladoras blancas como símbolo de devoción. Este número hace alusión directa a su día en el calendario (13 de junio).
4. Pan bendito y velas
En algunas iglesias se reparte pan bendito de San Antonio, el cual las devotas guardan en sus hogares como símbolo de abundancia y amor. También se acostumbra encender una vela durante la oración para reforzar la petición.
5. Colocar al santo en un vaso con agua
Una variante curiosa consiste en poner la figura del santo dentro de un vaso con agua hasta que «haga el milagro», y sólo después sacarlo y agradecerle.
Fe y tradición que se renueva cada año
En el Templo de San Antonio en la ciudad de Puebla, cientos de personas acuden a misa y a llevar flores al altar, mientras otros aprovechan para adquirir figuras del santo, velas o amuletos. Es un día de devoción, pero también de esperanza, especialmente para quienes desean encontrar el amor.
“San Antonio no falla”, dice con una sonrisa Ana Laura, de 29 años, quien lleva tres años seguidos asistiendo a la festividad. “Este año lo voy a poner de cabeza desde el principio”, comenta entre risas.
Un símbolo cultural más allá del amor
Más allá de su relación con el amor romántico, San Antonio de Padua también es invocado para encontrar objetos perdidos o causas imposibles. Su legado espiritual y su conexión con la vida cotidiana han hecho que se mantenga vigente en la fe popular.
El milagro de San Antonio: mi historia de amor que comenzó con una oración
En 1999, cuando aún estaba en la universidad, mi ahora esposo y yo éramos buenos amigos. Ese año, me invitó a festejar su cumpleaños por la noche. A pesar de la cercanía entre nosotros, nunca imaginé que ese día cambiaría mi vida para siempre.
Horas antes de la celebración, por la tarde, fui con mis amigas a la iglesia de San Antonio. Como muchas otras jóvenes, fui con una intención clara: pedirle al santo un buen novio. Llevaba conmigo un listón rojo, reuní mis 13 monedas y recé con devoción la novena. Le pedí un hombre bueno, responsable, pero sobre todo, trabajador.
Esa noche, durante su cumpleaños, mi amigo —sí, el mismo con quien había compartido tantas risas en la universidad— me pidió que fuéramos novios. No habían pasado ni seis horas desde mi oración, y San Antonio ya me había hecho el milagro.
Hoy, han pasado 26 años desde aquel día, y sigo convencida de que el santo casamentero cumplió con creces. Siempre que cuento esta historia, animo a quienes me escuchan a que también le pidan a San Antonio. Nunca se sabe: quizá el amor de su vida está más cerca de lo que imaginan, esperando solo una oración.
Yo tengo pruebas de que sí cumple… y mi historia de amor lo confirma.
